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Quintana Roo - México

Quien se atreva a decir que Alexander Zetina Aguiluz consiguió la presidencia municipal de Bacalar para servir a la ciudadanía, no conoce a este profesor, que busca reelegirse.

Más contundente que un “meme” o un boletín de prensa, la mejor identificación del objetivo de Zetina Aguiluz la tienen los bacalarenses: llegó para aprovecharse del poder.

La voz de los habitantes es un extendido croquis de las propiedades, a su nombre, de familiares y de prestanombres. Los negocios y bienes de Alexander son tan diversos que abarcan sectores del desarrollo social, de la industria turística y del privilegiado comercio etílico.

En menos de un trienio, tiene hoteles, hosterías, casas habitación, terrenos, tour agencias y planteles de instrucción académica. En su inexplicable fortuna aparece el exclusivo “Instituto San Felipe Bacalar”, que ofrece preescolar y primaria; la agencia de viajes “Iselitas tours”, que lleva a la clientela a conocer cenotes, estromatolitos, el canal de los piratas y la isla de pájaros. Y si el “pueblo mágico” tiene sed día y noche, Zetina Aguiluz tiene los hidratantes: los únicos expendios de cerveza que funcionan las 24 horas son de él.

Este maestro de la voracidad pensó en todo; hasta en repetir como cabeza del ayuntamiento. Para ello usa una propiedad de su antecesor como bodega de triciclos para quienes voten por él, aunque el expresidente municipal José Alfredo Contreras Méndez opine lo contrario.

El origen de la incalculable fortuna y la petición de auditoría ha llegado, incluso, al Congreso del Estado de Quintana Roo, antes de que Alexander Zetina Aguiluz instrumente como política tres años más de voracidad.


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