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Quintana Roo - México

Por Mario Millán

Resulta interesante, en lo particular, el hecho de cómo la sociedad manifiesta, sin prejuicio alguno, su apoyo o rechazo al tema político actual; bueno, es algo que me resulta hasta cierto punto lógico porque los esfuerzos están literalmente enfocados a contrarrestar los efectos tan devastadores que nos está dejando la pandemia del Covid-19 que, por cierto, en Quintana Roo ya cobró la vida de más de mil personas.

Regresando al tema que nos ocupa, el proceso electoral está a la vuelta de la esquina y con ello la efervescencia política empieza, aunque en menor proporción (por aquello de Susana Distancia y otras cosas), a ocupar espacios en medios y redes sociales, donde el que no cae resbala.

Porqué lo digo, por la sencilla razón de que todo ciudadano con acceso a redes sociales está en su derecho de apoyar o despotricar, como normalmente sucede, cuando a “X” aspirante que ha manifestado su deseo de participar en cualquier proyecto partidista o de manera independiente le llueve una andanada de apoyos e improperios, como si sus progenitoras tuvieran la culpa de que éste o éstos quieran “ayudar” al pueblo desde una diputación local o federal, gubernatura o presidencia municipal, no sé.

Recientemente hice un ejercicio que, a mi parecer, no está del todo mal, unos lo vieron así y otros no, pero el hecho de exigir como ciudadanos que quien llegue a ocupar cargos de elección popular se comprometa a cumplir sus compromisos de campaña es real y es, diríamos, también mi derecho.

Sugerí, propuse, tiré piedra, como se le quiera llamar, que el próximo candidato o candidata a la presidencia municipal de este devastado municipio de Othón P. Blanco, que además alberga a la capital de Quintana Roo: Chetumal, se comprometa, además de trabajar por el bienestar de los othonenses, a suscribir un acuerdo con la sociedad, ante un juez o un notario si es necesario, que los obligue a cumplir al pie de la letra su plataforma electoral que no es otra cosa más que su propio programa de trabajo, pero más que nada a someterse al escrutinio público si le falla a sus paisanos, aunque esto ya lo he escuchado de ya saben quién.

Que fijarse una dieta mensual de 30 mil pesos mensuales para él y su planilla de concejales y cero compensaciones, fue una cantidad que se me ocurrió pensando en que su objetivo no es hacerse ricos, sino ayudar al pueblo percibiendo una cantidad justa a su desempeño y que ese ahorro sea retabulado o retribuido en la nómina de los empleados municipales que menos ganan como los de Servicios Públicos.

Se me ocurrió que para evitar que no cumplan sus compromisos, los mismos electores elijan a un Comité de Enlace o de Seguimiento que se encargue de eso, que no se vendan y que sean de probada calidad moral y ética.

Ojalá, ojalá que quienes aspiren a trabajar en bien de Othón P. Blanco sean gentes que no defrauden a su pueblo, sean del partido que sea, morenos, rojos, amarillos, azules o verdes, da igual, el fin es hacer crecer a este olvidado municipio.

De otros menesteres se deben encargar las autoridades electorales y los inquilinos del edificio de Punta Estrella, como es el caso de la figura del Presidente Municipal Sustituto, que debería ser eliminada por completo, pues de experimentos los othoneses ya estamos hasta la madre. ¿O no?


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