Localización

Quintana Roo - México

El convulso verano en el tablero global ha llevado a Josep Borrell, jefe de la diplomacia de la Unión Europea, a convocar de manera extraordinaria a los ministros de Exteriores de los 27 que se reunirán el próximo viernes, con las tensiones con Turquía en el Mediterráneo Oriental, el deterioro de la situación en Bielorrusia y Líbano en la agenda.

Los ministros de Exteriores de la UE tenían previsto reunirse, en persona, y de manera informal los próximos 27 y 28 de agosto. La creciente tensión en Minsk tras unas contestadas elecciones y la presión de buena parte de las capitales además de las demandas de Grecia para abordar las recientes actividades ilegales de Turquía en sus aguas han precipitado la decisión y se reunirán el próximo viernes. Polonia llegó a pedir incluso la convocatoria de un Consejo Europeo extraordinario que no se celebrará por el momento.

Bielorrusia se ha visto sumida en el caos tras las elecciones del pasado domingo en las que Alexander Lukashenko se declaró ganador, en unos comicios que la UE considera que no cumplieron con los estándares internacionales. “Durante la campaña electoral, el pueblo de Bielorrusia mostró su deseo de un cambio democrático. Sin embargo, las elecciones no fueron ni libres ni justas,” afirmó Borrell en una declaración respaldada por los estados miembros.

Los 27 critican “la violencia desproporcionada e inaceptable” de las autoridades como respuesta a las protestas que siguieron al anuncio de los resultados y que han dejado decenas de heridos y detenidos. Y abren la puerta a imponer sanciones a “los responsables de la violencia, los arrestos injustificados y la falsificación de los resultados electorales.” También considera la UE revisar la relación con Minsk en vista de los acontecimientos.

A la preocupante situación en Bielorrusia se suma la tensión con otro vecino, Turquía. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, anunció el martes que pediría la celebración de un Consejo extraordinario después de que Ankara enviara un navío a una zona contestada de sus aguas. Tanto Grecia como Chipre denuncian desde hace meses las actividades ilegales de barcos turcos en aguas chipriotas y griegas, y aunque Bruselas alienta el diálogo entre ambas partes, se pone inevitablemente del lado de sus estados miembros.

“Las últimas movilizaciones navales en el Mediterráneo Oriental son extremadamente preocupantes”, advirtió Borrell hace unos días, “no contribuirán a encontrar soluciones, por el contrario, llevarán a mayores antagonismos y desconfianza”. Borrell lleva días tratando de encontrar una solución diplomática a la cuestión. Las tensiones entre estos países no son nuevas, pero se han agravado notablemente en los últimos tiempos. “Tenemos que trabajar juntos por la seguridad en el Mediterráneo”, insistió el representante para la política exterior de la UE.

Por si esto fuera poco, también preocupa la estabilidad en Líbano. El primer ministro libanés, Hasan Diab, dimitió el pasado lunes, después de que miles de personas se echaran a la calle para pedir responsabilidades por la explosión en el puerto de Beirut que se cobró la vida de más de un centenar de personas y dejó miles de heridos.

El clima de tensión en el país no es nuevo. Acosado por una crisis económica que ha dejado a buena parte de la población en la pobreza y hastiada por la corrupción, la pandemia se ha cebado también con el país que, tras la explosión, ha sufrido la destrucción de una parte importante de su capital y uno de los puntos más importantes de entrada al país.

La UE puso en marcha los mecanismos de emergencia en cuestión de horas y trata de acompañar la reconstrucción del país. Los estados miembros han enviado expertos, toneladas de ayuda humanitaria y aproximadamente 60 millones de euros para tratar de paliar las necesidades más urgentes. Pero la recuperación será larga, costosa y la transición política, compleja.

Fuente: elmundo


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *