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Quintana Roo - México

El temido encuentro entre las milicias de supremacistas blancos y los manifestantes de Black Lives Matter dejó el martes dos muertos y un herido en Kenosha, la última ciudad en arder bajo la ira de la brutalidad policial. El vídeo mostraba a un joven blanco con una gorra de béisbol que se tiraba al suelo rodando mientras disparaba un AR-15 automático, como en las películas, lanzando ráfagas contra los manifestantes que protestaban en la oscuridad de la noche por el inaudito tiroteo de Jacob Blake el pasado domingo.

En la escena nocturna todo era caos. «¡Oh, Dios mío, nos están disparando!», se oía decir a una mujer en el vídeo que se hizo viral. A uno de los jóvenes lo arrastran por mitad de la calle entre varios. Llega una tanqueta de la que descienden militares armados hasta los dientes y alguien los increpa. «¡Lo habéis matado, mirad lo que habéis hecho!». Los militares no responden a la acusación. «¡Atrás, atrás!», gritan apuntándoles con sus rifles. Se llevan al chico en volandas mientras alguien pregunta angustiado. «¿A dónde, a dónde?». No hay respuesta. «No respiraba», contó después una mujer al periódico local. «Le hicimos la respiración artificial porque es lo único que se nos ocurrió, pero no le veíamos herida de bala. Tampoco tenía pulso el cuello».

El pistolero se apuntaba así en el acto su primera víctima de las dos que dejaría al filo de la hora bruja, pero la Policía no tardó en darle alcance. Se trataba de un joven de 17 años que ya había llegado del vecino Illinois para demostrar su hombría, pero que ahora está acusado de asesinato intencional y puede pasar el resto de su vida en la cárcel.

Para controlar los saqueos e incendios en la tercera noche de insurrección en Kenosha, una ciudad de 100.000 habitantes junto a los Grandes Lagos, el gobernador había activado a los 250 efectivos de la Guardia Nacional en la zona, que reforzará con 500 más y algunos piden que sean hasta 2.000, a lo que el presidente Donald Trump ha accedido gustoso. «Pueden traer toda la Guardia Nacional que quieran, que hasta que no traigan justicia esto no se calmará», decían los vecinos a las televisiones.

Sin interrogatorio

Justicia para Jacob Blake, un joven de 29 años con seis hijos que necesitará «un milagro» para volver a caminar, dijo esa tarde su abogado Ben Crump. Los siete disparos efectuados a corta distancia le han destrozado el intestino, agujereado el hígado, el páncreas, el estómago, el brazo derecho y, lo que es peor, la espina dorsal. «Va a necesitar de muchas operaciones antes de que vuelva a parecerse remotamente a lo que era el domingo», contó el letrado.

Ese día Blake participaba con sus hijos en una barbacoa cuando intentó separar a dos mujeres que se peleaban. Alguien llamó la Policía, dijo que él se iba con las llaves de la casa. Incluso dio la descripción del coche, aunque luego se arrepintió y se negó a dar los datos de la matrícula. Tres agentes llegaron a la escena cuando Blake había montado ya a los tres niños en el asiento trasero. Ignoró los gritos de los agentes y decidió quitarse de enmedio, pero uno de ellos le siguió, apuntándole con la pistola, y cuando se subió al coche le agarró por la camiseta y le metió siete tiros. Según el periódico ‘Milwaukee Sentinel’, habían pasado sólo dos minutos desde que el primer agente llegó a la escena. No había tenido tiempo de esclarecer los hechos, ni siquiera de interrogarlo.

«Lo trató cómo si no valiera nada, pero mi hijo vale mucho, es un ser humano», dijo su padre en conferencia de prensa, con toda la familia. «Cuando digas su nombre, asegúrate también de decir padre, primo, hijo, tío, pero sobre todo, asegúrate de decir humano. Y deja que eso se te quede en la boca y en la mente», exhortó su hermana Latitra Wideman.

Para medio país, lo que ocurrió el domingo es difícil de creer, pero para la mayoría de los afroamericanos es su día a día. «Esto le ha estado pasando a mi familia desde que puedo acordarme», continuó la joven. «Le ocurrió a Emmett Till, Phillando Castile, Mike Brown, Sandra Bland… he derramado tantas lágrimas por cada una de estas personas que ya no me queda ninguna. No estoy triste. Estoy indignada, estoy cansada. Llevo muchos años llorando y ya estoy anestesiada. He visto a la Policía matar a mucha gente como yo».

El incidente ha reavivado las protestas raciales que se iniciaron a finales de mayo con el asesinato de George Floyd en Minneapolis y será balón de oxígeno para la gran marcha de protesta en Washington que convocó entonces el reverendo Al Sharpton durante el funeral de Floyd. El objetivo es hacerlo coincidir con el 57 aniversario del mítico discurso de Martin Luther King ‘Tengo un sueño’, que sigue pendiente.

Fuente: hoy


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