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Quintana Roo - México

Mariana, Grecia y Otto, tres médicos mexicanos recién graduados, iniciaron sus labores en el hospital Ajusco Medio, en la Ciudad de México. Esta son sus historias.

Elegir pacientes en un hospital desbordado, huirle al miedo y a la depresión. Mariana, Grecia y Otto, tres médicos mexicanos recién graduados, tuvieron que aprenderlo con la pandemia de COVID-19, que lejos de ahuyentarlos confirmó su vocación.

Muy poco de eso les enseñaron en la universidad a estos tres veinteañeros, que trabajan en el hospital Ajusco Medio, en la Ciudad de México.

Mariana Benítez, de 26 años, y Grecia Hernández, de 25, forman parte del equipo que clasifica a los pacientes en el exterior de este centro médico público, reconocido por el buen manejo de la crisis.

“Nunca en la carrera te preparan para ver algo así”, dice Benítez a AFP, reclutada en abril para sumarse a la lucha contra el COVID-19, que se ha cobrado la vida de 1,320 trabajadores de la salud, casi la mitad doctores, según cifras del gobierno.

Cuando llegó el nuevo coronavirus a finales de febrero, México registraba un déficit de 200,000 médicos, debido a lo cual la secretaría de Salud inició una contratación masiva.

Con apenas una semana en su puesto y los contagios disparados en este país de 128 millones de habitantes, Benítez vivió su experiencia más dura.

“Llegó un punto donde había tanta gente que no podíamos ingresarlos (…), tenía que elegir qué paciente estaba en peor situación para poder quedarse y a quién tenía que referir a otro hospital”, recuerda con mirada de angustia.

“Aguantamos más”

Las jóvenes doctoras se auxilian una a la otra para colocarse el incómodo traje de seguridad: un mono blanco, una bata azul, botas, gorro, gafas y mascarilla.

Grecia recién se graduó en febrero, sin imaginar que el virus golpearía tan duramente a México, que registra 64,414 muertes y casi 600,000 casos confirmados hasta este martes.

Es el cuarto país con más defunciones totales después de Estados Unidos, Brasil e India, aunque su tasa de mortalidad es la decimosegunda en el mundo.

“Al principio la incertidumbre sí te deja pensando, te preocupa, pero si sigues las medidas de protección realmente es un trabajo bastante seguro”, comenta.

Al inicio de la pandemia, especialmente, personal médico denunció la escasez de materiales de protección en algunos hospitales públicos. Pero Otto Tavera, de 26 años y quien se desempeña en el área de urgencias, asegura que en este cuenta con el equipo necesario.

“Hay presión laboral y depresión emocional (…), pero somos jóvenes, podemos aguantar más el estrés y la presión propia de tener un traje de plástico ocho o diez horas”, afirma Tavera, quien atiende a pacientes críticos que pueden requerir desde oxígeno hasta ser intubados.

Vocación a prueba

Benítez y Hernández aseguran que desde niñas soñaron con ser doctoras, por lo que la dureza de la epidemia no les ha hecho dudar de su vocación.

Tampoco a Tavera, a quien la crisis le sirvió para profundizar su amor por la medicina. “Esta fue la confirmación de mi vocación profesional, de un camino del que dudé mucho” como estudiante, asegura.

Ese ímpetu, sin embargo, no alcanza a todos, pues en el hospital Ajusco Medio ha habido deserciones, cuenta su director, José Alejandro Ávalos.

“Tuve médicos que estuvieron de permiso hasta más de un mes, totalmente con pánico (…). Hubo gente que dijo: ‘no soy de aquí, no puedo con esto’ y se fue”, relata.

En cambio, añade, a los jóvenes doctores la pandemia les ha dejado enseñanzas que usualmente toman años. “Maduraron mucho como médicos porque se enfrentaron en pocos meses a todo: a informar a los familiares, a la muerte, al éxito”.

Fuente: politica.expansion


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