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Quintana Roo - México

Bastó un flechazo para acabar con su vida. Rieli Franciscato, un coordinador de la Fundación Nacional del Indio de Brasil (Funai), el órgano estatal que cuida de las cuestiones indígenas, murió el miércoles al ser atacado por un grupo de indígenas no contactados en el estado brasileño de Rondônia. Rieli, de 56 años, era uno de los expertos más respetados de la región.

Murió haciendo su trabajo en la tierra de los Uru-Eu-Wau-Wau, donde en las últimas semanas, además de este pueblo indígena fueron vistos nativos de otras etnias, la mayoría de los cuales siguen viviendo aislados y nunca han contactado con personas no indígenas. La Funai decidió hacer una intervención no invasiva para evitar encuentros que podrían ser trágicos, dadas las constantes invasiones de madereros y ganaderos.

Rieli, que defendía el no contacto y la protección de la población local, pidió apoyo a agentes de la policía para mediar en la zona de conflicto y hacer un monitoreo a distancia, para conocer mejor los movimientos migratorios de los pueblos aislados. El policía Paulo Ricardo Bressa le acompañó en esa misión y fue testigo de su muerte. El ataque ocurrió al subir una colina, fue rápido y fulminante.

“Tan sólo escuchamos el ruido de la flecha, que le dio en el pecho. Él dio un grito, se la arrancó y volvió hacia atrás corriendo… corrió unos 50, 60 metros, hasta que cayó prácticamente muerto. Conseguimos llevarlo hasta el coche que teníamos en la carretera y lo trajimos al hospital, pero ya llegó sin vida. Lamentablemente, nuestro amigo se fue”, explicó el agente a la prensa local. La flecha tenia casi dos metros.

“Brasil perdió a uno de los mejores indigenistas de la actualidad, era uno de los últimos… la nueva generación viene aprendiendo con esa gente y con otros que ya son muy viejos”, dijo el líder indígena Beto Marubo, de la Unión de Pueblos Indígenas del Valle del Javari, una de las regiones con más indígenas en aislamiento voluntario en el mundo.

En los años 80, Rieli, participó en el grupo que ayudó a demarcar la tierra de los Uru-Eu-Wau-Wau, el proceso legal que asegura que esa tierra pertenece a los indígenas y sólo puede ser administrada por ellos. En esta ‘reserva’, de 1,8 millones de hectáreas (más de dos veces el tamaño de la Comunidad de Madrid) viven poco más de 200 indígenas. Pertenecen a nueve pueblos diferentes (los Uru-Eu-Wau-Wau, los Amondawa, los Juma, los Oro Win y otros cinco grupos que nunca fueron contactados.

El pasado mes de agosto, algunos de esos indígenas aislados aparecieron cerca de carreteras en Seringueira, la localidad donde fue asesinado el coordinador de la Funai. En ese momento, varias organizaciones ya alertaron de que algo raro estaba pasando. “Es extraño porque en un territorio de tamaña extensión, con enorme riqueza de alimentación como caza, pescado y frutos silvestres, no habría motivo para salir de sus tierras, y no es normal que se muevan así. Probablemente están siendo expulsados”, alertó el Consejo Indigenista Misionario. Desde entonces, trabajadores de la Funai como Rieli remarcaron a los vecinos de las proximidades que no intentaran ningún contacto físico, que no les entregaran nada y evitaran los enfrentamientos, para prevenir contagios de enfermedades.

Desde los años 80, con la redemocratización, el Estado brasileño determinó el fin de las prácticas de asimilación e integración de los pueblos indígenas no contactados. Los nativos brasileños que nunca tuvieron contacto con el exterior pueden seguir aislados si así lo desean. No obstante, sus territorios acaban siendo invadidos por los deforestadores, madereros y buscadores ilegales de minerales, lo que les acaba exponiendo a enormes riesgos y fuerza desplazamientos. La Funai tiene una función paliativa y en ocasiones muy puntuales interviene para evitar conflictos, también entre etnias rivales.

Fuente: elmundo


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