Localización

Quintana Roo - México

Este jueves se cumplen 71 años desde que Mao Zedong proclamara la República Popular China. Aquel país pobre y cerrado se ha convertido en una superpotencia mundial.

En la Plaza de Tiananmen hay una cesta con flores de 18 metros de altura. En la Gran Muralla, ante la avalancha de visitantes que se avecina estos días, hay carteles que recuerdan que escalar secciones del muro conlleva una multa de hasta 3.500 euros. Incluso la Policía de Pekín ha montado una brigada únicamente para rastrear en las redes sociales si se están organizando grupos para hacer expediciones a la parte más salvaje de este Patrimonio de la Humanidad.

En la capital de China, millones de banderas rojas llenan farolas y balcones. En Harbin, al noreste del país, ha habido un concierto sinfónico titulado “Yo y mi patria”. En el sur, en la ciudad de Hezhou, 2.300 drones han iluminado el cielo con los colores de la bandera nacional. Desde hoy hasta el próximo miércoles, en China se esperan alrededor de 600 millones de desplazamientos. Comienza el Día Nacional… sin mascarillas ni coronavirus. Y con mucha propaganda patriótica de victoria.

Dentro de las fronteras, todos son buenas noticias. Como la que ha dado Zheng Zhongwei, director del Centro de Desarrollo de Ciencia y Tecnología de la Comisión Nacional de Salud, que dice que China va a producir antes de final de año 610 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus. Mientras, las cuatro vacunas chinas que están en la última fase de ensayos se siguen probando en soldados, médicos y funcionarios a modo de experimento.

Otro tipo de noticias llegan desde Estados Unidos: el Departamento de Trabajo de ese país ha dicho hoy que China es el punto de acceso mundial para productos fabricados con trabajo forzoso. Pero en Pekín no han querido responder porque están de fiesta y ya se burlaron ayer los diarios portavoces del Partido Comunista Chino del “bochornoso” debate entre Donald Trump y Joe Biden.

Un poco más cerca, en Hong Kong, las autoridades de la ex colonia han prohibido cualquier manifestación que haga sombra a la fiesta china sin coronavirus. La policía hongkonesa ha desplegado a 6.000 agentes para frenar cualquier atisbo de protesta a favor de la democracia, aunque algunas marchas ya han empezado en la ciudad. Anoche ya detuvieron a cinco personas que supuestamente estaban incitando en las redes sociales a participar en “reuniones ilegales”. Mientras, en los despachos de las autoridades hablan de que hay que intensificar la educación patriótica. Amar a tu país, según Luo Huining, director de la oficina de enlace de Pekín en Hong Kong, “no es una elección, sino un deber”. Para Luo el patriotismo “acabaría con la locura de los disturbios en la ciudad”.

Hoy, sin duda, es un día de mucho patriotismo en China. Aunque, como se ve en los ejemplos anteriores, el ritmo informativo continúa a la misma velocidad pese a que el gigante asiático celebre su Día Nacional. Este jueves se cumplen 71 años desde que el 1 de octubre de 1949 Mao Zedong proclamara la República Popular China.

DE UN PAÍS POBRE Y CERRADO A SUPERPOTENCIA MUNDIAL

Entonces era un país pobre y cerrado que tenía un Producto Interior Bruto de tan solo 100 millones de dólares. Tuvo que llegar la ola de modernización y aperturismo bajo el mandato de Deng Xiaoping (1978-1992) para que China abriera sus puertas al mundo exterior. En aquella época, como contó Henry Kissinger, el que fuera secretario de Estado de Estados Unidos con Richard Nixon, Pekín ejercía una diplomacia “sutil y discreta”. Tanto que los gobiernos occidentales tenían que emplear a sinólogos para entender algunas de las señales opacas que enviaban desde el país asiático.

China hoy es una nación que ha superado los 13 billones de dólares de PIB y todo lo que allí ocurre repercute en la economía mundial. También lleva años impulsando un discurso más agresivo de cara al exterior. Estos meses aún más duro, empujado por la batalla de la narrativa de esta pandemia y el comienzo de la Guerra Fría con Estados Unidos. “Algunos extranjeros que han comido hasta saciarse no tienen nada mejor que hacer que señalarnos con el dedo. No exportamos revolución, pobreza o hambre y no le causamos ningún problema, entonces, ¿de qué pueden quejarse?”, dijo el presidente Xi Jinping durante un discurso en 2009. Sus palabras dieron la vuelta al histórico perfil bajo de la diplomacia de un país que ya estaba subiendo peldaños como superpotencia mundial.

Comenzando este octubre, en un año marcado por la pandemia, la línea dura de China se mantiene con todos los frentes geopolíticos abiertos con varios países. Ya sean las tensiones de todo tipo con Estados Unidos, las fronterizas con India o las disputas por las islas del Mar de China Oriental con Japón. Pero el gigante asiático afronta sus peleas con una ventaja sobre el resto de países: oficialmente, la pandemia ya está controlada. Este jueves, por ejemplo, únicamente se han reportado 12 casos de contagios, todos importados del extranjero, en un país que tiene 1.400 millones de habitantes. Y su economía es la única que crece en comparación con el resto de potencias. Según dijo el lunes el Banco Mundial, se espera que el crecimiento en China sea del 2% este año.

Esta semana de fiestas por el Día Nacional va a ser la prueba definitiva de que se ha logrado esa estabilidad económica y sanitaria. Las cifras estatales calculan que habrá más de 550 millones de viajes en estas vacaciones de ocho días, el feriado más largo junto al Año Nuevo Lunar. Según el Ministerio de Transporte, se espera un promedio de 51 millones de viajes por carretera por día, un aumento del 1% al 3% con respecto al año pasado.

El turismo interno explotará tras un año marcado por la pandemia. Ya no queda ninguna restricción a la hora de que el ciudadano chino se pueda mover libremente por el país. Y, según la agencia de viajes Ctrip, una de las ciudades más visitadas estos días será Wuhan, epicentro de la pandemia.

Fuente: elmundo


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *