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Quintana Roo - México

El positivo del presidente pone en cuarentena los mítines que tenía previstos en unas elecciones consideradas como un referéndum sobre su gestión de la pandemia.

La ‘sorpresa de octubre’ de las elecciones de Estados Unidos llegó el segundo día del mes a la una de la madrugada de Washington: el presidente, Donald Trump, y su esposa, Melania, tienen coronavirus. El jefe de gabinete del presidente, Mark Meadows, confirmó que Trump tiene “síntomas moderados” de la infección, que, según la prensa estadounidense, consistirían en “tos y fiebre”.

Según Meadows, Trump ha suspendido su agenda pública durante dos semanas, lo que pone en cuestión su participación en el debate presidencial con Joe Biden fijado para el día 15, pero sigue trabajando. Al cierre de esta edición, habían pasado más de 13 horas desde el último mensaje de Trump en Twitter, algo inusual en el mandatario, que ha llegado a ‘colgar’ más de 200 mensajes en un día en esa red social.

La noticia de la infección de Trump, a falta de un mes y un día para las elecciones presidenciales y legislativas del 3 de noviembre y cuando ya han votado más de un millón de estadounidenses, ha dinamitado la campaña electoral. Por de pronto, ha obligado al jefe del Estado y del Gobierno a cancelar toda su agenda pública para los próximas dos semanas, que incluía un mitin ayer, viernes, en Florida, otro hoy, sábado, en Wisconsin, y otro pasado mañana, lunes, en Arizona.

Si Trump es un candidato que rompe moldes, y si la pandemia ha creado una situación sin precedentes en una campaña electoral en EEUU, la noticia de que el virus ha llegado hasta el presidente y su esposa supone literalmente la guinda en ese escenario de caos. Es imposible saber no sólo cuál va a ser la evolución de la enfermedad en Trump -que, si bien dispone de los mejores cuidados médicos, está en el grupo de riesgo por su edad, ya que tiene 74 años e hizo una súbita visita a un hospital hace 11 meses que nunca ha sido explicada- y, menos aún, el impacto que ésta va a tener en la opinión pública.

Por un lado, la suspensión de la campaña supone acabar con la principal pata de la estrategia de Trump, un político que se desenvuelve maravillosamente bien en los mítines. La cuarentena del presidente también le impide reunirse con donantes, en un momento en el que el candidato demócrata a la Presidencia, Joe Biden, lleva una considerable ventaja en cuanto a recursos financieros para hacer campaña, una situación muy inusual en EEUU. Biden ha seguido la estrategia contraria, al cancelar su campaña electoral. Tras la noticia del positivo de Trump, el candidato demócrata se limitó a emitir un comunicado deseando una pronta recuperación a su rival, pero no habló en público.

Finalmente, el mero hecho de que Trump esté infectado es un golpe a su credibilidad. Hasta ahora, el presidente ha rechazado el uso generalizado de mascarillas, ha tratado de quitar importancia al Covid-19, y ha propugnado por activa y por pasiva la apertura de la economía de Estados Unidos. El Partido Republicano, que se juega el control del Senado y de varios estados el 3 de noviembre, ha respaldado esa posición. Ayer mismo, los miembros de esa formación en la Cámara de Representantes, donde están en minoría, presentaron un informe en el que afirman que “los hechos revelan que el liderazgo del presidente Trump durante esta pandemia ha puesto a nuestro país en el sendero de la recuperación”.

La posición del equipo de Trump ha sido anteponer la recuperación económica a los confinamientos, como dejó de manifiesto en abril su asesor económico y miembro del Grupo de Trabajo para la Reapertura de la Economía de la Casa Blanca Arthur Laffer a EL MUNDO: “Tengo 80 años, seis hijos y cuatro nietos. Y estoy dispuesto a correr riesgos para que todos ellos vivan en una sociedad próspera y con oportunidades. No soy tan egoísta como para no querer eso”.

Pero ésta es una situación sin precedentes, así que el grado de incertidumbre es enorme. Trump también podría verse beneficiado de una explosión de simpatía hacia su persona. El Covid-19, en cierto sentido, podría humanizar al presidente, que en este momento, según la totalidad de las encuestas, perdería las elecciones, aunque después del estrepitoso fracaso de los sondeos en 2016, nadie se atreve a tomárselos demasiado en serio.

En todo caso, los seguidores de Trump coinciden en que el peligro del Covid-19 ha sido exagerado, lo que se refleja en su rechazo a las mascarillas en general y, en particular, en sus mítines en los que moviliza a su base. Es algo que el propio presidente defiende. El presidente ha celebrado mítines en violación de las normas sobre seguridad y distancia social de los estados de Minnesota, Pennsylvania, y Nevada, y el martes pasado él y su entorno volvieron a hacer una demostración pública de su posición en el debate que tuvo con Biden, en la Universidad de Ohio.

Aunque la organización había exigido llevar mascarilla a todos los presentes con la excepción de los dos candidatos y el moderador, Chris Wallace, la familia Trump -incluyendo a su esposa, Melania, sus cuatro hijos presentes, y a su yerno Jared Kushner– se quitaron la mascarilla en cuanto se sentaron. La familia Trump “violó las normas de la Clínica Cleveland, que estaba a cargo de la seguridad en el debate”, ha declarado Wallace, que trabaja en la cadena de televisión conservadora Fox News.

Joe Biden y su esposa han dado negativo en la prueba del Covid-19. Tampoco tienen el virus el vicepresidente, Mike Pence, y la candidata demócrata a ese cargo, Kamala Harris, ni la hija de Donald Trump, Ivanka, y su esposo, Jared Kushner, ambos asesores de la máxima confianza del presidente. Sin embargo, sí ha dado positivo la presidenta del Comité Nacional Republicano, Rhonda McDaniels. El partido sólo publicó la información ayer, 48 horas después de que McDaniels hubiera recibido los resultados del test. El senador republicano Mike Lee también tiene coronavirus. Se da la circunstancia de que Lee estuvo el sábado pasado en la Casa Blanca, en la presentación pública de la candidata al Tribunal Supremo Amy Conrey Barrett. La juez ha dado negativo en la prueba, según la Casa Blanca.

El ‘paciente cero’ de este foco podría ser Hope Hicks, una de las asesoras de más confianza de Trump, que empezó a sentirse mal cuando viajaba en el avión oficial del presidente en compañía de éste, de regreso de un mitin de Trump en el estado de Minnesota, el miércoles. Hicks, de 31 años, se sometió al test el jueves y dio positivo. Pese a ello, Trump no alteró su campaña, y ese mismo día viajó al estado de New Jersey, donde participó en varios actos de campaña, incluyendo una mesa redonda en la que, según el diario ‘The Washington Post’ estuvo en contacto “con docenas de personas”.

Fuente: elmundo


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