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Quintana Roo - México

En un operativo sin precedentes, unos 1.500 policías alemanes llegados desde ocho estados federados procedieron este al desalojo de uno de los últimos grandes edificios okupados en el centro de Berlín pese a la resistencia de las personas en su interior, mientras que fuera protestaban cientos de personas de grupos militantes de izquierdas en la capital alemana. Armados con palanquetas, motosierras y radiales, un grupo de agentes consiguió acceder al edificio de cuatro plantas situado en la Liebigstrasse 34, convertido en una fortaleza por sus ocupantes, con ayuda de una escalera y tras romper una ventana. La policía había conseguido a media mañana desalojar a media docena de personas, pero avanza con gran dificultad por el interior de la casa ante las barricadas y trampas colocadas por los ocupantes para impedir el desalojo.

A la vez, los agentes se enfrentan en el exterior a los ataques de manifestantes enmascarados, miembros del llamado «bloque negro» de la izquierda radical, que tradicionalmente protagoniza disturbios en manifestaciones conflictivas. La policía intentó inicialmente acceder al edificio por la puerta principal tras acercarse a la misma con una tanqueta para evitar posibles bombardeos desde pisos superiores o el tejado. Pero los antidisturbios no lograron reventar el portón, blindado desde el interior, pese a que usaron todo tipo de herramientas pesadas. Los agentes, entre los que se encuentran varias unidades especiales, entre ellas una de rescate en altura, desconocen cuantas personas se encuentran aún en su interior y operan con cautela ante el temor de encontrarse trampas mortales.

La policía subrayó en un tuit que actúa por orden de un tribunal para ejecutar una sentencia que concede la devolución del edificio a su propietario vacío. El procurador encargado de la ejecución del desalojo y los abogados del dueño llevan años intentado infructuosamente llegar a un acuerdo con los okupantes del mismo. Los manifestantes concentrados en el exterior desde la madrugada, en su mayoría vestidos de negro y con los rostros cubiertos con verduguillos, presionan a su vez a los agentes al grito de «resistencia» y coreando lemas como «las casas para quienes viven en ellas» o «todo Berlín odia a la policía». Un portavoz policial señaló que los agentes son atacados reiteradamente con adoquines, botellas y fuegos de artificio.

Hace dos años caducó el contrato de alquiler del edificio firmado por una asociación de residentes en el mismo que se autocalifica de «anarco-feminista» y es habitado al parecer mayoritariamente por mujeres, aunque se presume que cuentan con refuerzo de simpatizantes masculinos. El propietario logró tras un largo y arduo procedimiento judicial que los tribunales ordenasen finalmente su desalojo.

Fuente: hoy


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