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Quintana Roo - México

Intentar explicar en Pekín que hoy es el Día Nacional de Taiwan es como contar un cuento de ficción a un niño. La primera reacción es de asombro. Después, llega la curiosidad por querer saber más. Y, por último, la negación ante lo que se considera un futuro irreal. “¿Día Nacional en Taiwan? No es un país independiente. Una provincia china no puede celebrar su propia fiesta nacional, es intolerable”, suelta una joven llamada Li Yuan.

Ella, al igual que otros muchos chinos, es partidaria de que Pekín intervenga militarmente en lo que consideran una provincia rebelde. “Hay que defender el principio de una sola China”, sentencia. El discurso bélico de los sistemas de propaganda del Partido Comunista ha calado en el pueblo: Taiwan siempre será parte de China. No hay debate que cuestione ese principio dentro de las fronteras del gigante asiático. Hace un año, el presidente Xi Jinping aseguró que la “unificación de Taiwan era inevitable” y que “Pekín se reservaba el derecho a usar la fuerza militar para lograrlo”. Además, estos meses, la sombra de Estados Unidos apoyando a la isla del sur de China para meter el dedo en el ojo a Pekín, ha tensado aún más la vieja confrontación que cada semana protagoniza un nuevo episodio militar.

“Continuaremos modernizando nuestras capacidades de defensa para lidiar con la expansión militar y la provocación desde el otro lado del Estrecho de Taiwan”, ha dicho esta mañana en su discurso la presidenta de la isla, Tsai Ing-wen. La líder también ha hablado de “mejorar la capacidad de guerra asimétrica”, en referencia a frenar cualquier ataque chino con minas inteligentes o misiles portátiles.

Aunque Tsai también ha pedido diálogo a China. “Mientras las autoridades de Pekín estén dispuestas a resolver los antagonismos y mejorar las relaciones a través del Estrecho, mientras se mantengan la paridad y la dignidad, estamos dispuestos a trabajar juntos para facilitar un diálogo significativo. Mantener la estabilidad en las relaciones es lo mejor para ambos lados”, ha sentenciado la presidenta en una celebración reducida por la pandemia que ha dejado en esta isla de 23 millones de habitantes tan solo 527 contagios y siete fallecidos. La gestión del coronavirus sin necesidad de confinar a la población por parte del Gobierno de Tsai ha sido muy aplaudida internacionalmente: han controlado los contagios gracias a un eficaz sistema de alertas y de rastreo.

Que Taiwan celebre su Día Nacional -que marca el inicio del levantamiento armado de Wuchang que llevó al derrocamiento de la dinastía Qing y la República de China en 1911- tan solo 10 días después de que celebre el suyo su vecino de arriba, es visto por Pekín como una provocación. El país liderado por un Xi Jinping cada vez más nacionalista ha multiplicado sus incursiones militares en el espacio aéreo de la isla en las últimas semanas. Según dijo ayer Joseph Wu, ministro de Exteriores de Taiwan: “Al menos en 46 ocasiones en los últimos nueve días los cazas chinos han sobrevolado nuestro territorio”.

Wu ya pidió a la comunidad internacional la creación de una “coalición global” para defender a su país de las “agresiones” de China, advirtiendo que “hay una posibilidad real de guerra”. El martes, el ejército de la isla lanzó varios aviones con el propósito de interceptar a los cazas chinos si continuaban sobrevolando su espacio aéreo. Según su Ministerio de Defensa, la fuerza aérea se ha movilizado 4.132 veces en lo que va de año, un 129% más que en todo el año pasado.

Hace dos semanas, el ejército de Taiwan también empezó un simulacro ante una posible invasión de China. Mientras, Pekín lanzaba dos misiles balísticos en el Mar del Sur. Una prueba que desde Washington entendieron como una amenaza a su isla amiga y una respuesta a las sanciones estadounidenses contra 24 empresas chinas porque el gigante asiático “estaba construyendo islas artificiales en las aguas disputadas”.

Hace ocho meses, antes de que la pandemia se subiera al escenario, los focos en el Sudeste Asiático alumbraban lo que ocurría en Taiwan -cuya soberanía apenas la reconocen 15 países en todo el mundo-, que iba a decidir en las urnas si seguía el camino de la democracia o se acercaba al control de Pekín. Al final, en las elecciones de enero, la presidenta Tsai Ing-wen (63 años), líder del Partido Democrático Progresista (PDP), revalidó su cargo y siguió con su política de rechazo a Pekín.

Desde Washington aplaudieron su victoria y estos meses se han ido acercando a la isla, tanto en la política como en el terreno militar. En lo que va de año, Estados Unidos ha realizado al menos 10 despliegues navales en el Estrecho de Taiwan, queriendo mostrar su fuerza y permanentemente vigilia por si a China se le ocurriera emprender una acción militar. También, la Administración Trump ha enviado a dos secretarios de gabinete de alto nivel a la isla, aprobó ventas masivas de armas y está planteando un posible acuerdo de libre comercio.

Fuente: elmundo


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