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Quintana Roo - México

El presidente francés ensalza los valores de la República francesa y asegura que el profesor por asesinado “por encarnarlos”

Francia honra a Samuel Paty, decapitado el pasado viernes por un terrorista islámico, con un homenaje nacional en el patio de honor de la Universidad de la Sorbona. Un funeral laico en esta ‘catedral’ del saber y la tolerancia oficiado por el presidente de la República.

Emmanuel Macron glosó la figura del profesor “asesinado porque había escogido enseñar a sus alumnos a ser ciudadanos”. “Asesinado porque encarnaba la república que renace cada día en las aulas”. “Asesinado porque los islamistas quieren [robarnos] nuestro futuro y saben que con héroes tranquilos como él, no lo lograrán nunca”.

“Un héroe tranquilo” que “amaba los libros” lo que habla de su “pasión de conocimiento” y su “gusto de la libertad”, y que siguió el camino de sus padres, profesores ambos. “La firmeza unida a la ternura”, dijo Macron en su elegía de Samuel Paty, “que se ha convertido en la imagen de la República”.

Continuaremos “el combate por la libertad”. “Continuaremos, profesor. Defenderemos la libertad que enseñabas tan bien y la laicidad. No renunciaremos a las caricaturas, a los dibujos, aunque otros reculen”, prometió Macron en recuerdo de la víctima “de una conspiración funesta, de la amalgaba, y del odio del otro”.

En la Sorbona “Lugar del humanismo desde hace 8 siglos” le escuchaban la familia, los presidentes de las dos cámaras, el Gobierno encabezado por el primer ministro, Jean Castex, el ex presidente François Hollande y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.

Ocho guardias republicanos en uniforme de gala habían llevado el féretro de Samuel Paty hasta el patio de honor de la universidad de la Sorbona. Ocupó el centro del patio, delante de las estatuas de Louis Pasteur y de Victor Hugo. Un uniformado, con mascarilla como todos los asistentes, sostenía un retrato del mártir de la República, víctima del terrorismo islámico.

Detrás, un edículo blanco abrigaba el estrado de los oradores con las banderas de Europa y Francia como única decoración, recortadas contra las escaleras de mármol.

Las lecturas, bien escogidas, hicieron oficio de evangelios laicos. Un amigo leyó la carta de Jean Jaurès ‘A los institutores e institutrices’. Jaurès, mito de la izquierda y del pacifismo, fue asesinado por un nacionalista fanático al poco de comenzar la Primera Guerra Mundial, a la que se opuso con todas sus fuerzas.

Antes, en enero de 1888 publicó en ‘La Dépêche’ esta carta que comienza: “Téneis entre vuestras manos la inteligencia y el alma de los niños, sois responsables de la patria. Los niños que os confiamos (…) serán ciudadanos y deben saber qué es una democracia libre, que derechos les confiere y qué deberes les impone la soberanía de la nación”.

Una alumna de 14 años leyó otra carta. Breve y personal. La que escribió Albert Camus, tras recibir el Nobel, en noviembre de 1957 a Monsieur Germain, su maestro. “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendiste al niño pobre que era yo, sin vuestras enseñanzas y vuestros ejemplo, nada de todo esto hubiera pasado”.

Antes de la ceremonia, el presidente de la República condecoró al profesor asesinado con la Legión de honor a título póstumo. El acto se celebró en el gran anfiteatro del centro universitario. En presencia de su familia y fuera de cámara a petición de ésta.

A la ceremonia faltó Brigitte Macron, en cuarentena en los apartamentos privados del Elíseo, por haber estado en contacto con una persona que ha dado positivo por Covid. La primera dama escribió una breve carta -“Ser profe”- a los familiares del difunto. “Nos habéis transmitido vuestra gran exigencia y vuestra extrema tolerancia(…) hoy, con vosotros, somos todos profes”.

Macron hizo un discurso sentido, leído con la pasión del esposo de una profesora y la solemnidad de su dignidad presidencial. Cuando concluyó se quedó firme, solo y en silencio delante del féretro. Según un ritual ya ensayado en otros homenajes a soldados caídos en combate. Sonó La Marsellesa mientras las seis columnas del pórtico se colorearon de azul, blanco y rojo y las tres palabras que resumen el ideal democrático -“libertad, igualdad y fraternidad”- se proyectaban sobre las viejas piedras. Sonaba Mozart mientras los ocho guardias republicanos conducían los restos de Samuel Paty.

Terminado el acto, despedida la familia, el político que es Macron caminó unos metros por el bulevar Saint Michel. Interpelado por una enseñante le prometió: “No ganaremos de un día para otro”, “no cambiaremos la sociedad en un día”, “pero no cederemos en nada”. Faltaba poco para que diera comienzo el toque de queda, impuesto en París y otras metrópolis para tratar de frenar otro virus, el Covid. La realidad no entiende de grandes discursos. Aunque sean necesarios.

Fuente: elmundo


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