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Los expertos dudan sobre cuál puede ser el impacto electoral y quiénes son las mentes detrás de la interferencia ruso iraní en las elecciones presidenciales denunciada por el FBI.

‘Mucho ruido y pocas nueces’ podría encabezar una noticia sobre el impacto de la interferencia ruso iraní denunciada por el FBI. Así se desprende de las declaraciones de algunos expertos, ninguno de los cuales sabe aclarar todavía si los piratas informáticos de Irán, duramente perjudicado por las sanciones de Donald Trump, intentaban beneficiarlo o al revés. Lo que queda claro es que el presidente, por detrás en las encuestas, ha hallado un filón para insistir en su campaña de cuestionamiento del voto por correo.

Lo que le queda claro también a Collin Anderson, un analista especializado en la actividad cibernética iraní, es que “las amenazas se enviaron usando un script de correo alojado en los dominios penetrados; niñerías”, asegura en una serie de trinos sobre la cuestión. “Queda claro que no se penetró en ningún registro de votantes. Parecería que los residentes en Florida son particularmente susceptibles de tener sus direcciones postales y de correo publicadas en la red”, añade en otra publicación de Twitter.

Sus indicaciones casan, al menos parcialmente, con las aseveraciones del periódico The New York Times“Los funcionarios no denunciaron que alguno de los países pirateó los registros de votantes, dejando abierta la posibilidad de que la información estuviese disponible para cualquiera que supiera adónde mirar”. Otra posibilidad es que los atacantes hubiesen obtenido la información a través de alguna página web que la ofreciera. La llamada ‘red oscura’ está repleta de ellas.

“Esta información puede ser usada por actores extranjeros para intentar comunicar a votantes registrados información falsa, que esperan que cause confusión, siempre el caos y socave vuestra confianza en la democracia estadounidense”, ha apuntado John Ratcliffe, director de Inteligencia Nacional de la administración de los EEUU y señalado como pro Trump. El New York Times señala que no hay indicios de que se haya alterado recuentos del resultado electoral o información de los votantes registrados.

¿Qué intenciones tenía pues, Irán, cuyo embajador en la ONU, Alireza Miryousefi, ha negado todas las acusaciones y enfatizado que “Irán no interfiere en las elecciones de otros países”? Algunos observadores recuerdan que, en el poder bicéfalo iraní, hay abiertos tradicionales debates sobre qué tipo de liderazgo estadounidense le conviene al país, o qué tipo de relación debe tener la República Islámica con Occidente, Washington sobre todo. Por lo tanto, no hay una postura unificada al respecto.

Joe Biden ha sido del gusto de los centristas, con el presidente Hasan Rohani a la cabeza, por haber negociado el acuerdo nuclear, del que se retiró Trump, y haber abierto la puerta a regresar al mismo. Por contra, se cree que la línea dura obtiene más réditos con un Trump en la Casa Blanca. Su política de ‘presión total’, con sanciones y tensión regional, ha debilitado a Rohani, alimentado el discurso de los más recalcitrantes y dado pie a más influencia en el aparato de Estado de la Guardia Revolucionaria.

El también llamado Cuerpo de Guardianes de la Revolución, con activos importantes en la economía, se ha expandido por sectores vaciados por las empresas internacionales, que abandonaron Irán por las sanciones de Trump. El deterioro de la seguridad regional y la pauperización de la economía doméstica, con las consecuentes olas de protestas y violencia, han servido para que esta organización paramilitar, que responde al Líder Supremo, intervenga más asiduamente en aras de proteger la seguridad nacional.

El debate es tan acalorado que el jefe del Ejecutivo iraní se enfrenta estos días a la posibilidad de que se le abra un juicio político por haber afirmado que “deberíamos hacer las paces cuando llegue el momento adecuado”, en una doble referencia al histórico chií Imán Hasán y a su relación con el Gobierno estadounidense. Mojtaba Zolnouri, diputado rigorista y líder de la Comisión parlamentaria de Seguridad Nacional y Política Exterior llamó al Guía Supremo a emitir una sentencia “para colgarlo mil veces”.

Pero, incluso en lo operativo, las dudas sobre la orientación iraní en estos momentos persisten. Si bien, como informa el New York Times, la Inteligencia estadounidense pensó por un tiempo que el poder iraní intentaría sabotear el mercado energético o montar un ataque en Oriente Medio para dañar las opciones de Trump, luego reconocieron que Teherán se había echado atrás. A mediados de mes, las milicias chiíes iraquíes anunciaron un alto a sus hostilidades en Bagdad hasta después de los comicios.

TÉCNICAS VIRTUALES DE DESESTABILIZACIÓN

Así, lo más factible, según el New York Times, es que algunos en Irán, que ha mejorado sus capacidades cibernéticas en los últimos tiempos, hayan aprendido algo de la interferencia electoral rusa de 2016: cualquier técnica de desestabilización virtual es mucho más barata y, sobre todo, evita una confrontación directa. Además, el ruido que genera un mero envío de e-mails falsos amenazantes, en estos tiempos, logra un efecto de amplificación capaz de hacer temblar los cimientos de la confianza del votante.

Al hilo de este tipo de operaciones de alteración de la percepción, como las denominan algunos académicos, Twitter anunció a principios de mes el borrado de 130 cuentas que, según la empresa, obraban en manos de entidades vinculadas al poder iraní con el objetivo de “interrumpir la conversación pública” durante el debate presidencial estadounidense. Una de estas, por ejemplo, apelaba a la conspiración QAnon, lo que recuerda al uso, esta vez, de los Proud Boys en los correos amenazantes.

“De la sesión informativa [ofrecida por el FBI para explicar sus pesquisas], tuve la fuerte impresión de que iba mucho más sobre socavar la confianza en las elecciones sin apelar a ninguna figura en particular”, ha opinado el senador demócrata Chuck Schumer en un programa de la cadena MSNBC. La paradoja es que, en los últimos tiempos, quien ha hecho lo propio ha sido el mismo líder estadounidense. Los críticos acusan a Trump de tratar de minar, en particular, el voto por correo.

De acuerdo con el New York Times, uno de los vídeos incluidos en los correos con contenido falso sugería la posibilidad, por parte de los atacantes, de manipular el voto por correo. Por su parte, Donald Trump lleva semanas argumentando, sin pruebas, que la votación del tres de noviembre estará “amañada”, que los votos por correo llevarán a un fraude generalizado y que la única forma en que él puede ser derrotado es si sus oponentes hacen trampas.

Fuente: elmundo


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