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Quintana Roo - México

Durante hora y media, en la madrugada de hoy, se han enfrentado dos visiones del presente y del futuro de Estados Unidos: la del presidente, Donald Trump, y la del candidato del Partido Demócrata a la Casa Blanca y ex vicepresidente, Joe Biden. Dos visiones resumidas en sendas frases, referidas ambas al coronavirus. Trump: “Estamos aprendiendo a vivir con él”; Biden: “La gente está aprendiendo a morir con él”.

Ha sido la primera – y la última – ocasión de los votantes para decidir. El otro debate que se celebró se convirtió en un circo cuando Trump interrumpió a Biden cerca de 200 veces en una hora y media. Para evitar eso, la organización de este encuentro cerró el micrófono de los dos políticos cuando el otro hablaba al principio de cada uno de los bloques temáticos. Aun así, en los momentos en los que no se aplicó esa norma, Trump, en un inusual ejercicio de autodisciplina, apenas interrumpo a Biden. En su lugar, lo hizo constantemente con la moderadora, la periodista de la cadena de televisión NBC Kristen Welker.

Pero Welker supo mantener el orden mucho mejor que sus predecesores en el casi imposible arte de la moderación de los debates: Chris Wallace, de ‘Fox News’, y Susan Page, del diario ‘USA Today’. De hecho, cuando concluyó el debate, el periodista de Fox News Brett Baier preguntó a Wallace, que estaba en el estudio, qué le había parecido el encuentro. La respuesta de éste lo dice todo: “Estoy celoso”. Celoso de Welker.

El hecho de que el debate fuera tan civilizado en los tiempos que corren lo hizo muy diferente. Trump, casi por primera vez en su carrera política, tuvo ocasión de presentarse como un político normal. Y Biden tuvo que afrontar una prueba por la que no pasaba desde que en marzo el Covid-19 irrumpió en Estados Unidos: demostrar que no ha perdido agilidad mental con los años.

TRUMP NO EMPRENDE LA “REMONTADA”

El dictamen: ambos pasaron la prueba. Trump dejó claro que puede hablar de política, aunque, para qué negarlo, lo suyo es el ataque personal. Y Biden también demostró que sigue teniendo la mala leche que le caracteriza, aunque su voz sea más ronca por el paso de los años. La frase del Covid con la que arranca esta información así lo demuestra. También otras puyas que lanzó a Trump, al que calificó de “Abraham Lincoln” después de que su rival se comprara con el presidente que acabó con la esclavitud a la hora de defender su política hacia la comunidad afroamericana.

Es difícil, así, declarar un ganador. Las expectativas con Trump eran tan bajas después del lío que armó en el primer debate que él podría ser considerado como el más beneficiado. Como explica a ELMUNDO.es Alejandro Ibáñez, miembro del think tank Baker Institute de la Universidad de Houston, “la pregunta vital tras el debate de esta noche es: ¿Ha conseguido Trump dar un giro de 180 grados para encauzar la remontada? No lo creo. Lo ha intentado con ataques personales constantes, pero Biden ha aguantado el tipo”.

Y es que, según las encuestas, Trump necesitaba ganar. En los sondeos, el presidente está en promedio 8,2 puntos por detrás del demócrata, según la media ponderada del sitio web FiveThirtyEight. Y va por detrás en todos los estados decisivos. Es cierto, sin embargo, que también Hillary Clinton le sacó ventaja en las encuestas en todos esos territorios en 2016, y Trump acabó ganado.

Desprovisto del morbo de las interrupciones, el debate fue más aburrido que el show precedente. Cada contendiente se ciñó a sus posiciones, recitando frases que llevaban bien aprendidas. Biden criticó la gestión de Trump. Y éste insistió en que Biden estuvo ocho años en el poder y no tocó muchos de los problemas de los que ahora acusa a Trump. La mayor diferencia fue el recurso constante y continuo de Trump a los ataques personales, no solo contra Biden, sino, también, contra la familia de éste. Pero esas embestidas, centradas en acusaciones de corrupción, no parece que vayan a calar excesivamente en la opinión pública. Las fuentes de Trump han sido el tabloide sensacionalista ‘New York Post’ y la web de ultraderecha Breitbart, cuya credibilidad es inexistente. En todo caso, en unas elecciones tan inciertas como éstas, cualquier cambio de la intención de voto, por diminuto que sea, puede tener consecuencias enormes.

Así, Trump fue al ataque personal, cuando acusó a Biden de acusaciones de recibir 3,5 millones de dólares (3 millones de euros) de Rusia. A cambio, Biden recordó a Trump que tiene una cuenta bancaria en China, algo a lo que el presidente replicó diciendo que “tengo muchas cuentas en bancos”. De esa cuenta afirmó que “la cerraron en 2015, creo”. Biden negó ésas y otras acusaciones, y su estrategia se basó en recordar que Trump sigue sin divulgar su Declaración del IRPF, y que, según las filtraciones a la prensa, en muchos años en la Declaración del IRPF le salió a pagar cero. Trump se limitó a decir que “pagué por adelantado mis impuestos y nadie me lo dijo”.

Apenas se trató la política exterior, uno de los cinco temas del encuentro. Pero sí otras áreas, como las relaciones raciales, donde Trump recordó la legislación que Biden apoyó hace dos décadas y media, cuando era senador, y que resultó en un masivo encarcelamiento de afroamericanos, el medio ambiente y la transición energética. En ninguno de esos terrenos estuvieron de acuerdo, pero, acaso, donde las diferencias quedaron más palpables fue en la cuestión más urgente: el Covid-19, que, a día de hoy, ha causado la muerte de 223.042 estadounidenses, según el cálculo de la Universidad Johns Hopkins. En las últimas semanas, al igual que en el resto de Occidente, el número de contagios, hospitalizados y muertos ha vuelto a aumentar.

Trump volvió a defender la apertura de la economía, y dividió a EEUU entre los estados demócratas, que, según él, han realizado un trabajo peor a la hora de contener el virus, y los republicanos, que no solo han mantenido la actividad económica, sino que han registrado menos muertes. En realidad, sin embargo, la pandemia ha golpeado a todos por igual, como sostuvo Biden. El demócrata, una vez más, jugó la baza de la unidad, en un esfuerzo por atraerse a los desencantados de Trump. Es una estrategia que ya empleó Hillary Clinton en 2016, sin éxito.

Sea como sea, ahora solo cabe esperar a las urnas. El debate no solo no parece haber cambiado mucho, sino que, además, llega tarde. Ya han votado 47 millones de estadounidenses, a quienes el debate, por consiguiente, les llega con retraso. Aun así, el intercambio entre Trump y Biden puede cambiar la intención de voto de alguno de los aproximadamente 110 millones más que no han dado su respaldo a ninguno de los candidatos. A ellos, los dos septuagenarios que compiten por la Casa Blanca dedicaron su última hora y media de debate.

Fuente: elmundo


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