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Quintana Roo - México

Jeffrey Hampton, un analista de datos de Cleveland, Ohio, percibe un sentido de urgencia como nunca antes había sentido en unas elecciones presidenciales. “Soy optimista y creo que habrá una gran participación. Trump ha prendido una llama por sus visiones racistas que hará que las minorías, no solo la comunidad negra, salgan a votar en masa. Yo mismo voy a votar este fin de semana”.

La papeleta electoral de este afroamericano, residente en Los Ángeles desde hace más de 30 años, estará marcada con el nombre de Joe Biden, “aunque yo hubiera preferido a Bernie Sanders”, reconoce. No le convencen las políticas del ex vicepresidente de EEUU en materia de fracking ni su polémica relación con las compañías de tarjetas de crédito. Por eso su voto será más de oposición a Trump que de apoyo a los demócratas. “El daño ya está hecho dentro del sistema judicial, con todos esos jueces conservadores en el Supremo que ha colocado el presidente, pero al menos podemos reparar algunas cosas desde dentro”.

El voto útil de Hampton refleja la tendencia de una mayoría dentro de la minoría negra de Estados Unidos, el 13% de la población de la primera potencia mundial. Están votando de forma masiva desde hace días con la intención de hacer trizas las opciones de reelección del presidente Donald Trump. Las colas en varios puntos de la geografía americana son una buena muestra de ello.

Motivos tienen de sobra para hacerlo. La pandemia les ha castigado con especial virulencia, con el doble de muertes registradas que los blancos no hispanos por coronavirus, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades. Y la policía se ha seguido cebando con su color de piel. Las muertes de Breonna Taylor y George Floyd en marzo y mayo de este año desataron una guerra en las calles de muchas ciudades del país que a buen seguro se verán reflejadas en las urnas.

El lunes mismo, un joven de 27 años de Filadelfia, Walter Wallace Jr., falleció tiroteado por la policía, desatando una oleada de protestas por segunda noche consecutiva y avivando, una vez más, el movimiento Black Lives Matter. Wallace tenía ocho hijos y un noveno en camino. Se ganaba la vida conduciendo para Uber y sufría de un trastorno bipolar. En el momento del incidente con los agentes estaba sufriendo una crisis nerviosa y tenía un cuchillo en la mano. Los gritos de su madre alertando de la situación no impidieron que los policías acabaran con su vida a tiros.

“No he escuchado a nadie de mi comunidad que no vaya a votar”, constata Hampton, convencido de que el apoyo de Trump a los grupos radicales de ultraderecha, como los Proud Boys, contribuirán a una mayor afluencia de votantes negros. “No he tenido que convencer a nadie de la importancia de estas elecciones. Esta vez irán solos a votar”.

El entusiasmo es mayor incluso que en 2008, cuando la candidatura de Barack Obama movilizó a millones de votantes afroamericanos. Solo en Georgia ya han ejercido su derecho más de 895.362 ciudadanos negros , un 28% del total, según datos del US Election Project, con perspectivas de batir el incremento del 8% de participación en 2008. En comparación, solo un 2,4% de latinos ha votado hasta ahora en ese Estado.

En Carolina del Norte 725.873 afroamericanos han enviado sus papeletas -un 20% del total de votos recibidos-, en Carolina del Sur 304.027 (30%), y en Louisiana 287.439 (29,8%), parte de una marea de votantes tempraneros que promete destrozar los récords de participación de anteriores elecciones. De momento ya han enviado sus papeletas 74.066.939 millones de estadounidenses a seis días de las elecciones, un 53,7% del total de los sufragios que se contabilizaron hace cuatro años. Eso incluye 48.607.931 votos por correo y 25.459.008 personas que se han acercado hasta un centro de votación.

En Estados como Texas ya se ha superado el 87% del total de votos de 2016, en Montana el 75,4% y en Carolina del Norte el 71,5%. En Michigan, se han enviado 2,2 millones de votos hasta la fecha y se espera que se bata con creces la marca de los 4,8 millones de los comicios anteriores. En Wisconsin el voto por correo solía representar el 5% del total y en estos comicios ha superado ya el 50%. Y en Pensilvania calculan que llegarán más de tres millones de votos por correo, suficientes para que no alcancen a contarlos todos el próximo 3 de noviembre. Habrá que esperar al menos hasta el día siguiente para obtener el resultado.

“El ritmo de votación de algunos Estados es tal que, con toda certeza, superarán el total de voto de 2016 esta misma semana“, explica en su informe Michael McDonald, profesor de la Universidad de Florida y director del portal US Election Project. También cree que es un panorama que favorece y mucho a los demócratas. De momento, los progresistas superan ampliamente a los conservadores en voto por correo, 10,9 millones frente a 5,1 millones. Es decir, un 46,6% frente al 38,3% republicano.

Creo que esta es la mayor participación que he visto jamás“, dijo Andrew Young, ex embajador de EEUU ante Naciones Unidas, en una entrevista con el portal Politico. “Y eso normalmente es una muy buena señal para la democracia, sin importar por quién hayan votado”. Si el ritmo se mantiene se batirá el récord de 1908, cuando la participación alcanzó el 65%. Y nada de eso favorece a Trump, en principio.

Fuente: elmundo


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