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Quintana Roo - México

La afluencia a las urnas se dispara en las elecciones más polarizadas de la Historia de EEUU, con un récord de voto por adelantado en mitad de la pandemia. Partidarios de Trump y Biden se enfrentan en un clima de máxima tensión.

Los dos Estados Unidos salieron este martes a votar y a protestar. El voto ya llevaba días siendo masivo. Y fue el culmen. A media tarde de Washington ya se habían contabilizado más de 100 millones de votos por correo y adelantados, ya que en muchos estados se empezó a votar en septiembre. Eso suponía nada menos que el 73% de todos los votos tabulados en las elecciones de 2016. En algunos estados, la participación por anticipado era, sencillamente, descomunal. En Florida, que puede decidir la elección, cuando se abrieron los colegios ayer ya habían votado nada menos que el 65% de las personas con capacidad para hacerlo, informa Carlos Fresneda desde Miami. Con que sólo votara en persona otro 9% ya se habría superado la cifra de 2016.

Por el momento, los resultados iban exactamente como habían previsto las encuestas. Trump llevaba en su columna Oklahoma, Arkansas, Misissipi, Alabama, Tennessee, Indiana, Kentucky y West Virginia. Todos eran estados en los que se sabía que iba a ganar. Biden contaba con Illinois, Nueva Jersey, Vermont, Connecticut, Massachusetts, Rhode Island, Maryland y Virginia. En Florida, Trump iba como favorito, lo que ampliaría sus posibilidades de ganar del 8% al 33%, según la web de estadísticas FiveThirtyEight. En el estado industrial de Ohio, sin embargo, y, sobre todo, en Texas, Biden estaba obteniendo excelentes resultados, pero todavía era demasiado pronto como para hacer cábalas.

Con tanto voto por adelantado, los colegios estuvieron sorprendentemente tranquilos. “Aquí hay poca gente hoy, apenas unas 100 personas”, explicaba a EL MUNDO Brett McBride, el coordinador del colegio situado en la piscina municipal Marie H. Reed, en la calle 18 de Washington, en el barrio de Adams Morgan, un área que hasta hace poco era mayoritariamente hispana y popular pero en la que hoy dominan los profesionales que trabajan en lobbies y en instituciones internacionales. El colegio, además, llevaba abierto desde el martes. Y este martes a la una de la tarde, tras cuatro horas de votación, apenas habían pasado por allí 100 personas, según McBride.

En la calle 18 de Washington la única duda era si Donald Trump iba a conseguir algún voto. No era ése el caso, evidentemente, en otras partes del país. Las acusaciones de fraude y de coacción ya estaban volando tras apenas tres horas de votación. Aunque eso no era exclusivo de las presidenciales. Incluso en el colegio de la piscina municipal Marie H. Reed había habido alegaciones de compra de votos a la misma puerta del centro de voto, no para las presidenciales, sino en las que se decidían, ayer también, los cargos de concejales de Washington. El hecho de que todos los candidatos a concejal allí sean del mismo partido, el Demócrata, no impedía esa propensión al engaño.

Fuera de los monocultivos demócratas y republicanos, las protestas eran más generalizadas. Las hacían los seguidores de Donald Trump y la derecha -que llevaban días organizando caravanas de vehículos, sobre todo, furgonetas pick-up, con las que bloqueaban el tráfico por las autopistas y a veces acosaban a candidatos demócratas-, que ayer se apostaron frente a los colegios en ciertas zonas para bloquear el acceso a ellos o defender a su candidato. Y las hicieron los seguidores de Joe Biden y las izquierdas, que a las cuatro de la tarde tenían previsto empezar una manifestación ante la Casa Blanca, en la esquina rebautizada por el Ayuntamiento de Washington Plaza de las Vidas Negras Importan (Black Lives Matter Square).

VOTO Y BRONCA

El voto y la bronca. Y, para algunos el voto y la bala, a juzgar por el agotamiento de las existencias de munición en las tiendas. Eso es lo que une a EEUU. Al menos, cabe el consuelo de que el pueblo -ése del que siempre se habla aunque no se sepa quién es- cree en la democracia. Porque, de lo contrario, no se explica la masiva asistencia a las urnas, que se inició hace un mes y medio, cuando se abrieron los primeros colegios electorales en estados como Virginia (y previsiblemente empezaron las protestas frente a ellos).

Ése era el aspecto positivo de estos comicios en una sociedad dividida absolutamente por todo: hasta por los lavabos públicos, ya que los demócratas defienden los unisex, mientras que los republicanos demandan que se mantenga la tradicional separación entre hombres y mujeres. Cuando una sociedad se tira los trastos a la cabeza acerca de cómo ir al servicio es que, efectivamente, vive una verdadera guerra cultural acerca de los valores que enfrenta a dos mitades irreconciliables, o, al menos, a dos mitades cuyos líderes y elementos más activos son irreconciliables porque han descubierto que ésa es la mejor forma de tener poder.

Esa actitud del liderazgo político estadounidense quedó de manifiesto ayer, cuando la gente ya estaba votando. El presidente Donald Trump visitó el cuartel general de su campaña, en el estado de Virginia, y dijo: “Ganar es fácil. Perder, no. No para mí”. Anoche nadie sabía si, en el caso de que perdiera las elecciones, Trump lo admitiría, particularmente en el caso de que el resultado fuera ajustado.

De lo que no cabía duda era de que iba a perder el voto popular por un margen de dimensiones históricas. Eso significaba muy poco, sin embargo, dado que en el sistema electoral estadounidense el presidente puede sacar menos votos que su rival y ganar sin ningún problema.

Por eso Joe Biden, en un intento desesperado por arañar el último voto del estado crucial de Pensilvania, en el que él nació, estuvo ayer por la mañana haciendo campaña allí. Entre protesta y protesta, la democracia seguía adelante.

Fuente: elmundo


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