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Quintana Roo - México

“¡No fue vacancia, fue golpe de Estado!”. Las protestas se sucedieron en Lima, donde Manuel Merino dio un salto acrobático desde la presidencia del Congreso hasta la presidencia de la República. La destitución fulminante de Martín Vizcarra gracias al pacto de un Congreso denostado por la corrupción provocó un terremoto político sólo mitigado porque las elecciones presidenciales ya están convocadas para abril.

“Nuestro primer compromiso es el de respetar el proceso electoral en marcha”, acotó Merino en su juramentación, que guardó ciertos parecidos con la de Alberto Fujimori en el 2000, rodeada de polémica e indignación ciudadana y con escasa legitimidad popular. Pese a ser un congresista cuasidesconocido, en pocas semanas Merino ha cavado en la fosa de su popularidad hasta alcanzar un 70% de rechazo nacional, en contraste con el más de 50% de aprobación de Vizcarra.

Pese a no llevar ni un año al frente del Parlamento, en el armario político de Merino ya figuran unas conversaciones muy polémicas con militares para que le apoyaran en el primer intento de destitución de Vizcarra, hace dos meses.

“Este es un golpe de Estado disfrazado. Necesitamos calma, pero también mucha vigilancia ciudadana. La indignación de millones de peruanos debe servir para jubilar a los políticos criminales y hacer un cambio generacional en las siguientes elecciones que se tienen que dar sí o sí”, reclamó el ex alcalde y antiguo portero del Alianza de Lima, George Forsyth, quien encabeza todas las encuestas de cara a las elecciones de abril.

La destitución de Vizcarra ha confirmado que el oficio de presidente es de muy alto riesgo en Perú, como si se tratara de un banquillo de la Primera División española. De los ocho presidentes del país en lo que va de siglo, uno permanece encarcelado (Alberto Fujimori), tres han pasado por cárceles peruanas (Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y el propio líder de Fuerza Popular), otro espera en una prisión de EEUU su extradición (Alejandro Toledo), tres fueron destituidos (Fujimori, Vizcarra y Kuczynski) y uno se suicidó antes de ser encarcelado (Alan García).

Los apuestas sobre el futuro de Manuel Merino marcan buenos dividendos que auguran un camino lleno de obstáculos, pese a que su mandato acaba en junio.

Fuente: elmundo


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