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Quintana Roo - México

Lo más significativo que ocurrió en Teherán la noche en que se declaró la victoria de Joe Biden fue que no ocurrió nada. Fue el síntoma más claro del escepticismo de una población que, por contraste, una noche de junio de 2015 había salido a la calle en masa para celebrar la firma del acuerdo nuclear firmado con la Administración vicepresidida por Joe Biden. Un lustro después, y sumidos en el duro invierno de las sanciones impuestas por Donald Trump, quien retiró a su país del pacto, a la mayoría apenas le queda margen para el optimismo frente al júbilo occidental por la victoria del demócrata.

“Que un personaje tan abominable como Donald Trump se vaya es sin duda una buena noticia”, asevera Maryam, una editora de clase media que lleva meses viendo menguar el valor de su salario debido a la fuerte devaluación de la divisa local. “Pero no podemos fiarnos de los Estados Unidos. Quizás Biden alivie un poco la presión a la que nos somete pero, al final del día, hará como cualquier otro Presidente estadounidense: no rebasará las líneas maestras de la política regional de su país ni romperá sus alianzas”, dice, refiriéndose a sus relaciones con países hostiles a Irán como Arabia Saudí o Israel.

“Además”, añade Maryam, “parte de nuestros problemas se deben a nuestro Gobierno”. A muchos, como a ella, les duele aún el recuerdo de las protestas desatadas hace un año, cuando la Administración de Hasan Rohani, con el acceso a sus depósitos de divisa fuerte en el extranjero o su capacidad de exportar crudo limitados por las sanciones, recortó súbitamente los subsidios a la gasolina. Cientos de manifestantes, principalmente en provincias, murieron en choques con las fuerzas de seguridad.

Aunque los internautas iraníes han sido entre los más prolíficos en la creación de memes electorales, la prensa local han hecho minuto y resultado del devenir del recuento y en las calles no han faltado los debates sobre los candidatos, el desenlace no ha provocado la euforia que se podría presuponer en una nación que ha sufrido duramente la doctrina de “presión máxima” de Donald Trump. La desconfianza prevalece a pie de calle, aunque con tímidos matices que invitan a conservar cierta esperanza.

La mejor temperatura del ánimo general se toma en la céntrica plaza Ferdosí, cuyas casas de cambio registraron un repunte de operaciones de compra de dólar y oro en las primeras horas del recuento, cuando el rojo republicano coloreaba gran parte del mapa electoral y los especuladores auguraban cuatro años más de Trump. El posterior giro a Biden ha permitido, sin embargo, que el rial, la moneda local, se aprecie más de un 9% en los últimos días. “Algunos clientes importantes me llaman inquietos preguntándome si hicieron bien comprando entonces”, reconoce un cambista, que explica que la mayoría ha optado por mantenerse en stand by por unos días, a la espera de nuevos acontecimientos.

CAUTELA Y DESCONFIANZA

A nivel político mandan la misma cautela, desconfianza y escepticismo, pese a su constancia de que Biden pretende rebajar la tensión. Teherán no quiere que la urgencia por salvar su economía gobierne sus pasos. Cuenta con que Biden, en una tribuna publicada en CNN el pasado septiembre, había abogado por “regresar” al pacto atómico “como punto de partida para unas nuevas negociaciones”, siempre y cuando “Irán regrese al cumplimiento estricto del pacto nuclear”.

La eventual aceptación mutua de un pacto ‘regreso por regreso’ a los compromisos bajo el pacto nuclear tiene, como mayor obstáculo, que ambas partes rechazan dar el primer paso. Además, Irán ha exigido a Washington no sólo levantar todas las sanciones de la era Trump y volver al cauce del pacto atómico, como condición previa para revertir los compromisos nucleares a los que renunció por las sanciones, sino que además exige compensaciones por el daño causado por las mismas. “La próxima Administración de los EEUU debería aprovechar su oportunidad para corregir los errores del pasado“, afirmó este domingo el presidente Hasan Rohani.

Tales condiciones hacen augurar un lento retorno al diálogo, que se puede enmarañar todavía más por las intenciones de Trump, según el medio Axios, de “inundar” Irán con nuevas sanciones hasta el día de la investidura de Biden. De todas estas, el dirigente electo podría tener problemas para justificar ante sus señorías el levantamiento de las no nucleares, dirigidas principalmente contra personas de un ala dura de la política iraní pujante gracias a la estrategia de presión de Trump, que desacreditó al Ejecutivo centrista que había defendido el pacto nuclear. De esta órbita, que ya controla el Parlamento, que no rehúye a plantar cara a Washington, que es reacia a tender puentes con Occidente, y que ha censurado las últimas llamadas de Rohani al diálogo con EEUU, puede salir, en las elecciones presidenciales del próximo junio, su sucesor en el cargo. Y el eventual interlocutor de Biden.

Fuente: elmundo


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